El deseo sexual dura toda la vida

Pese a que aún hoy en día, en pleno siglo XXI, sigue siendo un tabú hablar de la sexualidad en las personas mayores, como si no existiera, lo cierto es que no hay ninguna evidencia ni estudio científico que demuestre que la capacidad sexual decaiga con la edad sino más bien todo lo contrario: cada vez más investigaciones realizadas en varios países apuntan que el deseo y la afectividad perduran durante toda la vida, por lo que los mayores pueden y, es más, deben, mantener una vida sexual plenamente satisfactoria.

De hecho, en opinión de los expertos, el “desgaste sexual” históricamente asociado al envejecimiento no es más que una falsedad, un prejuicio, un mito, aunque los cambios fisiológicos y psíquicos que se producen en el cuerpo humano con el paso del tiempo orientan la sexualidad hacia el terreno de la afectividad, la ternura y la emoción, por lo que los besos, las caricias y la complicidad adquieren mayor importancia que el propio coito.

En consecuencia, en esta etapa de la vida el sexo puede llegar a ser, incluso, más placentero, pues se potencia con una mayor sensibilidad y la experiencia personal, que sin duda juega un importante papel en este aspecto, por lo que puede afrontarse de forma más natural, humana y pausada, sin tener además la preocupación de posibles embarazos o de tener que “cumplir”.

Sexualidad en las Residencias

Si la falta de atención, formación y educación sobre la actividad sexual de las personas mayores es ya de por sí un serio problema social, lo es aún más en el ámbito profesional e institucional, concretamente en las residencias geriátricas –salvo honrosas excepciones-, circunstancia que se agrava para aquellos que sufren algún tipo de demencia o para quienes mantienen relaciones LGTBI.

En este sentido, el informe “Sexualidad en centros residenciales para personas mayores: actitud de los profesionales y políticas institucionales”, recientemente publicado por la Universidad de Barcelona, llega a interesantes conclusiones, como que los besos y caricias son habituales entre residentes, aunque menos frecuentes entre los LGTBI, que la masturbación es común entre los hombres o que , en el caso de las personas con demencia, que por supuesto también tienen derecho a disfrutar del sexo, los profesionales a su cargo tienden a ser más restrictivos o a imponer sus propias normas morales de conducta.

Liberarse de tabúes y prejuicios

La Asociación Española para la Salud Sexual ha editado también un estudio referente a la sexualidad en la tercera edad, en el cual aconseja profundizar en el conocimiento de los cambios físicos y psicológicos en cuanto al sexo que se producen en función de la edad y el género de cada persona, así como en el de las limitaciones y potencialidades, visitar al médico sin complejos cuando exista algún problema sexual o enfermedad y, en general, liberarse de tabúes, prejuicios y estereotipos para eliminar de una vez por todas la vergüenza que impide a los mayores acercarse a los facultativos para hablar sobre este asunto.

Teniendo en cuenta la actual situación, es necesario poner en marcha, tanto desde el ámbito público como desde el privado, programas de educación específicos sobre la sexualidad en la vejez dirigidos a familiares y profesionales en los cuales puedan participar activamente, con total naturalidad, libertad y respeto, los propios interesados.

FUENTE: Periódico Entre Mayores, Febrero de 2018

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